Rastros inacabados



La visión se disolvió, despellejándose de mi mente con una respuesta inmediata y lúcida. Era el whisky del caballito trotón. Me reincorporé. Pensé en los diálogos para cine mudo del coño rasurado y listo para lamer de Judy Garland en El mago de Oz. Miré mi bestia en reposo. La ropa desde el baño observaba mi pose de cupido catorce, andrógino y rechonchete. Me vestí avergonzado. Tenía el cuerpo llagado como un cura italiano de mil novecientos cuarenta y siete. Siete. Una rodaja de michelín de color rosado e intenso. ¿ Sería el último juego, pronunciar su nombre?. Zapatos de color marrón claro con cordones, uno de ellos con un agujerito enorme en la suela. Calcetines negros, baratos. Pantalones vaqueros rotos bajo la costura de la entrepierna. Cinturón negro sin ningún linaje. Camiseta negra de Hard Rock Cafe. De muy buena gana me hubiera bebido en aquel instante una cervecita bien fría. Me trabajé la nariz con ahínco, tras un rastro de coca, en busca de un moco rebelde. Luego hice otras guarrerías, o antes… no lo recordaba. Me ponía el perpetuar mentalmente la paja que me había elaborado con mimo esa noche la puta aquella con sus pechos de cera. ¡ Qué boquita más perversa!. ¡ Qué breve sabiduría necia!. De no estar tan agotado me la hubiera cascado sin más… ¡ Demasiado esfuerzo!. Era una de esas falsas y anodinas alarmas/anomalías  sexuales… mas me agobiaba… mucho más, ese tapón de mierda en el culo. La chicharra del submarino sonaba, y sonaba en mi cabeza… ¡ Emergemos!. Oxígeno, luz...
Me arrodillé al lado de la cama. El viejo y su montura no habían pasado por allí. El veneno de las cobras no estaba listo ni la mar en calma. Los párrafos son islas a la deriva, me dije mientras sacaba la bolsa Puma de las siniestras entrañas bajo las sábanas. Me senté en aquel catre inmundo junto al macuto y revisé su contenido. Algunas tarjetas de crédito. Las llaves de la casa aquella. Un sobre con unos treinta y ocho mil. Una vieja y gastada libreta Enri. Un boli azul. Dos pirulas envueltas en papel de aluminio. Papelillos para fumar. Una china de tres buenos porros. Un Zippo de metal gris. ( Imitación del 27) un paquete de Camel. Unas zapatillas Nike blancas… y algo de ropa revuelta. El manuscrito de mi única y emética novela. Una edición barata de pasatiempos. La prensa de varios días atrás. Problemas de ecuaciones en derivadas parciales de M. García Mañes y Las flores del mal de Baudelaire, en lengua francesa. Una navaja de abanico... ( Apenas usada en un par de tipos) Todo estaba en orden. Me levanté con un resorte… Las princesas bostezaban. Guardé el revolver y sus cinco balas semiblindadas. No había sonado el despertador. Y el maldito retrato también dentro. Hubiese jurado que eran seis… ¿ Siete?... ya era muy tarde… Hora de irse, en derivadas...

Papel quemado...



INTERIOR DÍA ( BUHARDILLA JASMILA)


Escena 2


Buhardilla de Jasmila, la hermana de Semih. Ella duerme. El está de pie, junto a la cama. Las sábanas están revueltas. El se guarda una llave en el bolsillo de la americana.



SEMIH
( Gritando) ¡ Despierta, hija de puta!. ¡ Despierta, ya!. ( Da una patada a la cama)
JASMILA
( Desperezándose entre bostezos) Hola, hermanito. ¿ Qué haces por aquí?.
SEMIH
( Agitado) Salvarte el culo, otra vez. Maldita hija de puta, yonki de mierda…
JASMILA
( Interrumpiéndole) ( Gritando) ( Tiene resaca y se frota la cabeza con ambas manos) ¡ Deja de gritarme!. [ En voz baja] Déjame dormir, cabrón. ¿ Quién coño te crees que eres para venir a mi casa a insultarme?.
SEMIH
El que va a pagar los cien mil por tí a ese gordo apestoso, bebedor de vodka. [ Pausa brevísima] ¿ Tú qué crees?. ( Casi susurrando) Estúpida zorra drogada.
JASMILA
Semih, lo siento. De verdad, lo siento. Hablaré con él, te lo juro. [ Pausa breve] ( Al sentarse en la cama, sus pechos quedan al descubierto) Le pediré, que me de algo más de tiempo. Reuniré la pasta. ( Se frota los ojos con la mano) Me acostaré con él.
SEMIH
( En tono conciliador) Tápate eso, ¡ anda!. ( Jasmila alarga el brazo para coger del suelo una camisa arrugada con la que cubrirse) [ Pausa larga] ¿ Crees en serio, que ese cerdo de Roman se va a acostar con una puta yonki de mierda como tú?. Ese cabrón compra vírgenes vestales como tú, farlopa. Cada día se folla un bombón, y nunca de la misma caja. Puro chocolate belga. ¿ Crees qué va a jugarse la integridad de sus genitales contigo?. Chica, eres material caducado. ( Jasmila baja la cabeza y solloza) Si no hago ese trabajo de mierda, utilizará tu culo para que sus perros practiquen el medievo con él.
JASMILA
( Semih le seca las lágrimas con los dedos) ¿ Y qué puedo hacer?.
SEMIH
Estarte muy quietecita aquí donde estás. Yo pasaré a verte. Y procura no hacer ninguna gilipollez, como salir a la calle.
JASMILA
( Confundida) ¿ Qué?. ¿ Qué puede pasar?. ¿ Qué?. Dímelo. ( Gritando) ¡ Dímelo!.


Tras la ventana cerrada que hay junto a la cama, Semih puede ver los mojados tejados de la ciudad y el sonido amortiguado del tráfico que llega hasta allí.


Escena 3


Semih escucha ruido extraños que vienen del lavabo contiguo. La puerta está cerrada. Mira de reojo a su hermana, y se levanta rápidamente. Saca su arma y golpea la puerta. El cerrojo está echado. Semih no lo sabe, pero Lina, una amiga de su hermana, está dentro.  


SEMIH
( Gritando) ¡ Sal, cabrón, o reviento la puerta a patadas!. Sólo te lo diré una vez. ( Semih se echa hacia atrás y amartilla su pistola apuntando hacia la cerradura)
JASMILA
( Histérica) ¡ No!, Semih, ¡ no lo hagas!. 
LINA
( Suplicando) No, por favor, no me mates. ( Semih puede oír como esa misteriosa mujer que ha hablado está abriendo la puerta)
SEMIH
( Apuntando directamente al rostro de la mujer, que acaba de abrir la puerta, está con las manos en alto y el rostro caído) ¡ Tú!, ¿ Quién coño eres?.
LINA
Creo que soy… [ Pausa brevísima] Creo que soy la novia de tu hermana.
SEMIH
( Bajando lentamente el arma mientras mira a Jasmila con gesto de sorpresa) ¿ Cómo?.
JASMILA
( Encogiéndose de hombros) Nos queremos… y no me importa lo que sea…
SEMIH
( Interrumpiéndola) ¡ Venga, ya!. ¿ Tendré que tirar a la basura mis videos de lesbianas?. A tí te gusta una polla, más que a un tonto una tiza. ( Lina hace un gesto desaprobando las palabras de Semih) [ Pausa breve] ¡ Qué me estás contando!. No te ofendas, pero nenita… ( Mira de reojo a Lina que continua observándole con el gesto disgustado) [ Pausa larga] ( Semih se pasa varias veces la mano, mesándose la barba) En cualquier caso, no salgáis de la buhardilla. Ninguna de las dos. ( Semih se queda mirando a Lina fijamente) 
LINA
( Ofendida) Tú, ¿ quién coño te crees que eres para darme ordenes?.
SEMIH
Chica, chica, chica. Las zorras, me gustan silenciosas. Nunca, pero nunca, le digas eso, a un tío que tiene una pistola en la mano. ( Semih guarda su arma)
LINA
¿ Entonces, qué se supone que tenemos que hacer?.
SEMIH
Creo que lo he dicho antes, señorita tulipán hermoso. Quietecitas aquí dentro, que hace frío y el patio está chungo. [ Pausa breve] ( Semih mirando a Jasmila) ¿ Tenéis algo para comer?.
JASMILA
No, no creo. Tenemos algunas naranjas y cerveza, pensábamos ir al bar de abajo a comer más tarde…
SEMIH
( Interrumpiéndola) No lo hagáis. Luego os traeré algo.
LINA
Podemos pedir que nos traigan una pizza.
SEMIH
[ En tono firme] ¡ No!. Luego os traeré algo de comer. Vosotras quedaros aquí, quietecitas.
LINA
( Irritada) ¡ Tío, estás paranoico!.
SEMIH
( Mirando directamente a los ojos a Lina) Nena, tu chica debe cien mil a un gordo despiadado que no va a tener ningún tipo de problema en cerrarte el culo con un soplete, si te pones por medio. [ Pausa breve] Soy lo suficientemente, paranoico.   


Lina se queda en silencio, tiene un evidente gesto de preocupación en el rostro. Semih abandona la buhardilla. Jasmila lo mira fijamente mientras se marcha. Después, las dos mujeres se abrazan sobre la cama.


EXTERIOR DÍA ( CERVECERÍA SANDY)


Escena 4


Semih está sentado en una mesa junto a una amplia cristalera que da a la calle. Hay poca gente en la cafetería. En ella se refleja el tráfico de la ciudad, que Semih observa pensativo. Un hombre se para detrás de él.


CONRADO
Hola, Semih. [ Pausa breve] ( Semih se sorprende, pero no demasiado) Me temo que tu amigo Martín no va a pasarse hoy por aquí. ( Conrado se sienta con lentitud frente a Semih)
SEMIH
( Irónico) Buenos días, inspector. ¿ Qué se cuenta ésta bonita mañana de primavera?. ( El inspector, con un gesto, indica a un camarero, que hacía ademán de ir hacía él, que no quiere tomar nada)
CONRADO
[ Voz baja] Veras, pedazo de mierda. Me viene del este un desagradable olor nauseabundo que no me termina de gustar nada, nada. [ Voz normal] Al principio, pensé que eras tú, pero aun no habías abierto la boca. Bueno, verás, me estoy empezando a cabrear. Tú no quieres que me encabrone, ¿ verdad?.
SEMIH
Claro que no, comisario. [ Pausa breve] ¿ Qué puedo hacer por usted?.
CONRADO
Pues, veras, mierdecilla, corre por ahí el rumor de que tu antiguo socio, Roman, se quiere cargar a un tipo del norte… ( Pausa breve mientras enciende un cigarrillo) Un armador gallego que le debe mucha, muchísima pasta. ( Da una lentísima calada) ¿ No sabrás como se llama?.
SEMIH
( Tomándose su tiempo, con una media sonrisa en los labios mientras da vueltas a una taza de café) No sé. Dígamelo usted, inspector.
CONRADO
[ Voz baja] Verás, creo que tu hermanita, está de alguna manera metida en todo esto. ( Pausa breve mientras hecha la ceniza, de un modo muy particular, sobre el cenicero que hay en el centro de la mesa) Sería una pena, que se viera de alguna forma salpicada por todo éste montón de mierda, ¿ no crees?. ( Pausa larga mientras fuma con lentitud) [ Voz normal] ¿ Sabías que tu hermana se lo monta con ese tipo?. Lo va a desnatar, creo que está loco por ella. [ Pausa breve] Siempre ha sido una buena yegua. Y sigue teniendo las nalgas firmes. ( Se queda mirando a Semih, sonriendo maliciosamente, mientras continua fumando con una lentitud exasperante)
SEMIH
( En silencio durante un breve instante, tan sólo le mira fijamente a los ojos) ( Extremadamente serio) Yo, inspector, no soy el perro guardián de mi hermana.
CONRADO
¡ Ya!. Se quien dices, pero no ha venido. [ Pausa breve] Dime. ( Fuma lentamente) ( Con los dedos hace un gesto equivalente al de hacer comillas) Significa algo para tí, si te digo, yonkis en el armario. ( Semih, sorprendido, hace un breve, pero sumamente inconfundible gesto de negación) [ Pausa larga] Te creo. Si te enteras de algo, sería conveniente que me llamaras. ( Irónico) Cuando recuperes la memoria. Ve a hablar con esa puta amiga tuya. Ya sabes, donde suelo estar.
SEMIH
( Esbozando una leve sonrisa irónica) Claro, inspector, será un placer colaborar con usted. Además, ahora, soy un ciudadano ejemplar. Alegre esa cara, hace un día precioso.
CONRADO
( Levantándose muy, pero que muy despacio, mientras apaga concienzudamente el cigarrillo, aplastándolo con saña sobre el cenicero) ( Voz muy baja, sin ningún tono, susurrando al oído derecho de Semih) Entérate, gilipollas. Tú nunca has sido otra cosa que un maldito montón de mierda. El único día que me voy a alegrar, será el día que empaquete tus despojos en un callejón mientras trato de reconocer tus restos. ¿ Te queda claro?. ( Le da dos palmaditas en la cara, da la vuelta y se marcha) 


Semih se queda mirando como se marcha, con una expresión de ira en los ojos y los puños cerrados, retemblando, sobre la mesa.


INTERIOR DÍA ( BUHARDILLA JASMILA)

Escena 5


El inspector Conrado entra en la buhardilla como un elefante en una cacharrería, pistola en mano, tras abrirle despreocupadamente la puerta Lina pensando que era Semih. De un fuerte empujón, tira a Lina al suelo. Ésta, cubre su desnudez, con una toalla de baño. Jasmila, desnuda sobre la cama, sorprendida, se cubre con la sábana. La puerta se cierra tras el hombre. 


JASMILA
( Asustada) ( Haciendo un intento por mantener la calma) Pase, comisario. No se corte. ( Conrado las mira alternativamente con una expresión dura en los ojos) 
LINA
( Desde el suelo, temblando) Trae… comisa… Trae, una orden. [ Pausa breve] ( Mira a Jasmila) Jas, puede pasar así.
CONRADO
( Voz alta) Puedo pasar como me salga de los mismísimos cojones, putita. ¿ Quieres una orden?. [ En tono sarcástico] ¿ Quieres una orden, putita?. La tengo aquí. ( Con una mano se agarra los genitales, con brío) ¿ La quieres ver?. ( En un segundo se abalanza sobre Lina, arrancándola brutalmente la toalla que lleva puesta. Jasmila grita. Conrado la hace callar con un simple gesto mientras levanta del suelo a la mujer tirando de su cabellera con el cañón del  arma metido dentro de la boca) ¿ Te gusta comer pollas, Putita?. ( Voz baja, casi al oído de Lina, que solloza abrumada por el dolor) ¡ Eh!, ¿ te gusta?...
JASMILA
( Interrumpiéndole) ( Asustadísima) No hace falta, comisario… ninguna orden. [ Pausa breve] ( El Inspector observa, con una sonrisa perturbadora, los cautivadores pechos de Jasmila) Mi amiga no le conoce. Lina… querida, éste es el comisario Conrado, de la comisaría centro.
CONRADO
¡ Cállate, soputa!. Cierra de una puta vez tu agujero sonoro, y no lo abras, si no va a ser para comerme el rabo. [ En voz más baja] Que pasa contigo, soy inspector. ¡ Inspector!. ( El hombre aprieta con fuerza el arma en la boca de Lina mientras mira fijamente a Jasmila) Sólo te ha faltado decirle a ésta guarrilla que leo al puto James Joyce en mis ratos libres. [ Pausa larga] ¿ Quiero que me digas algo del gallego que me guste?. [ Pausa breve] Y tú, zorrita, sentadita ahí. ( Deja a Lina sentada sobre un banco pequeño junto a la cama, desnuda y temblorosa) Si te mueves un palmo, os frío a la dos. ¿ Dime que lo has captado, zorra comecoños?.
LINA
( Asiente con la cabeza, está asustadísima) Sí, inspector.
JASMILA
[ Voz baja] No sé de que habla, comi… perdón, inspector. Ninguna de las dos sabemos nada de lo que está pasando.
CONRADO
A mí no me vas, zorrita... [ Pausa breve] Y menos ahora, que te has pasado a la tijera… [ Pausa brevísima] ¡ Díselo, chica!. No le va a decir a tu novia a que sabe la centolla. ( El inspector sonríe de un modo siniestro)


... como arde...

Atardecer



Encendí mi cigarrito, di un trago a mi combinado con sombrillita, y simplemente me quede sentado allí sin más mirando al mar. Todo era absolutamente perfecto. No precisaba de artificios " mágicos". Ni de la alemana que se me sentó al lado, y pasado un rato comenzó a acariciarme la rodilla derecha. Ni de las miles músicas embriagantes que daban notas de fusión, a aquel atardecer ya de por sí bastante colorido... ni de la necesidad urgente que tenía de olvidar mi vida entera con sus oquedades y sus salientes. Todo en aquella playa equinoccial estaba bien hilvanado de aromas frutales con toques de cáñamo y tejidos suaves de caricias. Ni siquiera dije dos palabras de más, los brazos de aquella diosa teutona me rodearon las necesidades besando mis labios rotos. Eran un despertar de fuego en aquel invierno del 98. Hora del Pacífico Sur, donde todos, quien más y quien menos... éramos exiliados, unos del dolor, otras del amor, algunos de la política... Cada cual trataba de perder los recuerdos en aquellas aguas de cristal, como mejor podía. Follando, bebiendo, riendo, pescando... Mi adicción era tomar una copa tras otras... hasta caer abatido como un Junkers Ju 87 sobre la arena. Y en ese preciso momento del ocaso mi " adicción" sensorial, llevaba directamente primero: A los enormes labios de esa dama rubia y voluptuosa, y después a sus bragas sin perder más tiempo... para regocijo de mi supurante bálano en flor. Que llevaba semanas pidiendo guerra.
Mi stuka picaba desde los cielos con brío aquella noche templada. Aun no estaba borracho del todo y tenía ese cierto puntito mío de locura que decían a veces mis amigos, me hacía... como era eso, ¡ encantador!. ¡ Ja!, tenia gracia. Entonces una visión que me crispaba las entrañas me sacó, me arrancó de golpe... seccionándome todas las arterias en un periquete... de mi paraíso y una noche de pasión centroeuropea. Despedí con cierta celeridad y desprecio a la maciza, que no se lo tomo demasiado bien todo aquello y me soltó un: Fuck you!. Motherfucker, y me dibuje una estudiada sonrisa cínica en la cara. No sabía de que manera... bueno... la verdad era que sí... pero, me habían encontrado. Era acojonante. Un tipo en camisa hawaiana y bermudas negras de Nike de 250 dólares, con el que me había cruzado ya demasiadas veces para mi desgracia... se me sentó en frente y sus dos amiguitos detrás de mi, mas sin hacer manitas entre ellos... a pesar de su aspecto de maricas hormonados de gimnasio. Eran formidables, cual... jodidos armarios de tres cuerpos. Y sin aspavientos, el colega y yo nos sonreíamos, en esa confianza de estar mordiendo la bala... en tanto en cuando, el sol iba cayendo en el horizonte y el camarero traía por fin la puta botella de Johnnie Walker Etiqueta Dorada, que pagaba el gran jefe. Aquello iba ser morir con clase, y lo demás... eran tonterías.

Es complicado...



Es complicado ser un crío de tan sólo ocho años y tratar de comprender porque tu papá te pega un día sí y otro también... o porque un mediodía, uno cualquiera, un hombre bueno abusó de ti cuando volvías de bañarte en la playa, mientras tus padres se tomaban una cerveza fría en el chiringuito con media ración de boquerones y aceitunas. Ver en un sueño recurrente de la infancia todo el pasillo con un recibidor con flores de plástico y la cocina en azulejos verdes. La fregadera llena de vasos, y el tendedero donde golpeaba entonces un aire seco y fastidioso. Y el salón oscuro, y un butacón de skay donde mirando a la araña del techo, pedías perdón a un Dios que aquel día no te sacó del infierno. Es complicado aprender a guardar las lágrimas y las risas dentro... y ver los días de verano desde aquel, como putos días felices cuando prontamente se los llevaron hombres de dientes amarillos y manos grandes. Cuando los escalones de mármol eran inmensos para escapar del terror que te producía volver a entrar una y otra, y otra... y otra vez, en esa casa de papel pintado color café de líneas discontinuas beige. Cuando se tienen ocho años los niños no deberían conocer la oscuridad de unas persianas bajadas y unas cortinas bordadas, ( que se lavaban de año en año...) y viejas sin correr, ni siquiera el largo plano seccionado de tangentes y secantes de un tablero de ajedrez con una partida a medio jugar. Es demasiado dolor de piel. Demasiado dolor, en las entrañas.
Es complicado cumplir los cuarenta y tres años y asistir al funeral del pedazo cabrón, por llamarle algo medio humano, que te violó siendo niño. Hace mucho que olvidaste todo aquello, aunque jamás borraste el recuerdo; simplemente sigue ahí, como la primera comunión, el accidente con tu primer coche... o, la primera vez que saltaste al vacío desde un avión en el ejército. Miras ese pedazo de madera barnizada... y la verdad, te preguntas por un momento, que haces hay delante de ese jodido ataúd donde descansa por fin después de una larga y penosa enfermedad: Tu tío, El pederasta. ¿ Qué le debes a su memoria, o tal vez a la tuya?. Quizás es por eso que después de perseguir durante tanto y tanto tiempo a delincuentes sexuales, sigues sin entenderlo. Sólo escribes de ello informes, con una taza de café en la mano mientras lees la tortura que ha sufrido un niño en un país en guerra y lejano sodomizado por tres soldados y después fotografiado sonriendo con ellos. Y descojonado... más que descojonado, partido por medio... con el mayor de los respetos, le largas tu mejor e irónico sarcasmo de opereta bufa a un bastardo de tres al cuarto para apuntarle, discretamente, luego: ( en modo francotirador, aburrido y agotado) ¿ Cuarenta y ocho horas, dices... hermano?. No me jodas, tío... ( Naturalmente, ni es mi guerra ni stress postraumático)

Un hijo de puta sonriente



Tal vez porque habían terminado las hostilidades en menos de lo que te comes un Twix. O porque se iba a celebrar no sabía que maldita fiesta con fuegos artificiales. ( Con actuación incluida de Katy, La perra... y sus zorras mojigatas del desierto) La tarde avanzaba discretamente, entre recuerdos de pelis antiguas y oscuridades de cine. Y luces de colores con sombrillitas y pellizcos de pezones. Quizás tres jodidas plantas más arriba... sin llegar al cielo, no fuera a ser pecado. Aquel sol le quemaba los adentros tras las ventanas, con aquella lentitud parsimoniosa mientras borraba sesenta y cuatro correos de golpe que no le interesaba abrir ni en lo más mínimo. Y es que aquel zumo de naranja estaba realmente malo. Sabía como si hubieran exprimidos las naranjas con un par de alpargatas usadas y luego hubieran potenciado aquel agrio con el sudado de los cojones de un orangután en celo cortados a sable laser y exprimidos también. Pero aun así ella pidió su zumo de cada tarde. ( A cien mil kilómetros de allí, entre Pi y más uno) Y él, pues... la animó a beberlo. Rápido amor, la dijo, bébetelo antes de que se le vayan las vitaminas. Era un cabrón, por mirarla de aquel modo extraño mientras ponía aquella carita de asco tan linda. Metiendo los mofletillos. Bueno, quizás, pero no más que cualquiera de sus amiguitos mariquitas con los que salía. Todos fieles a la República. Aquello era la justa venganza. ¡ No!... ni mucho menos.
La dejo preparándose para los festejos y los bailes, y él se fue al mejor lugar del mundo, " Su opera"... por lo menos en aquel lugar. ¿ Al megaburdel de putolandia?. Pues no, su excelencia era hombre de principios y no pagaba por follar así las ganaderías fueran de primoroso apellido y rancio abolengo. Estrictamente buscaba en el casino... una buena timba de poker, en la que perder unos cuantos miles bien pausados y discretos mientras se liquidaba en alcohol de calidad las entumecidas vísceras bebiendo a un tiempo. Y claro, así sin más... estaba en planta décimo tercera llamando al ascensor cuando al abrirse la puerta se encontró dentro a una rubia en tetas con el cabello bien moldeado y sus vaqueros lavados a la piedra. Aquella sonrisa le mató la mirada. Él simplemente la dijo: ¿ Bajas?. Hasta el mismo averno, Soldadito del Imperio, ( Lo que le dejó desubicado) contestó ella... que paró el ascensor entre los pisos ocho y siete mientras le sacaba la polla fuera y comenzaba lentamente a mamársela. Aquello era buffet libre y se puso las botas. Cuando apareció aquel comando de empleados de mantenimiento a las dos horas para sacarlo de su infierno. Tan sólo encontraron, a un hijo de puta sonriente.

Un sueño en la memoria



Acababa de regar las plantas. De hacer café. De echarme unas risas, sin necesidad de haber fumado... leyendo una estupidez. Todo era normal. Prodigioso. Un día como otro cualquiera. Allí. En la ciudad del pecado. Donde amanecía cuando se abría el horno de pan y el bar de la esquina. ¿ Cuánto hacía que vivía allí?. Años y años... y aun era, un perfecto extraño. Una sombra. Un tipo sin ninguna materia sólida bajo la piel, que, quizás sangraba. Que apenas reía. Que, tal vez, lloraba... Acababa de subir las persianas. De tender unos calzoncillos que lavé por la noche. De escribir durante un par de largas horas nocturnas... Todo tenía su porque. Hay quien decía que era viajante de sujetadores. Quien aseguraba que maestro de esgrima jedi, por cuenta ajena... quien... incluso, terrorista de Al Qaeda. Cuando en realidad sólo era un sueño en la memoria. Pero un sueño relativo. Una de esas pesadillas de las que es imposible despertar. Un avatar demasiado convencional, hasta decir basta... tanto, que en su rareza podía ser hasta objeto de coleccionismo humano.
Detrás del portátil, únicamente estaba yo a corazón abierto. Un yo que amaba, tecleando desde un lugar alejado de todas partes, tomando té en una terraza a veinte grados sobre el nivel del mar. Un desierto azul sin ángeles y sin lamentos, sólo hambre de esperanza. Me dolían las piernas y la cabeza. Los muslos de las neuronas a medio perder definitivamente... y, el alma. Alguien tenía que haber regresado y no volvió... y con los dos últimos, eran cincuenta y cuatro en una matemática que ya no podía continuar sumando. Tenía los dedos marchitos, romos, agrietados... los pulsos deshidratados, y el acero de mi carcasa abombado para una profunda revisión de chapa y pintura en el spa. Nadie me hablaba. ¿ Había muerto?.
Joder, al menos respiraba. Despacio, mirando aquella calle alargada. Ese lugar recóndito en el núcleo mismo de la tierra, donde no había dolor. Me habían seccionado dos arterias, dos feroces lenguas de sangre que llamaban sin pedir permiso a las puertas del cielo con las yemas de dedos muertas de frío. Quizás todas aquellas palabras no decían nada. Sólo eran eso, palabras. Notas discontinuas... dos o tres, de esas risas alegres tras lejanas jams clásicas con mediocres de perilla. Era la hora de entonar el adiós a las armas.

Sodomización



El sexo es una de las nueve razones para la reencarnación...
Las otras ocho no son importantes. ( Henry Miller) 


Entre tanto se dejaba comer su pene bien untado en dulce chocolate belga por aquellos labios pequeños y primorosos, veía como en el alfeizar de la ventana bajo la lluvia un pequeño gatito no dejaba de mirar como trascurría parsimoniosamente lenta aquella casi eterna felación. Cerró los ojos e imaginó una cascada y se vio cayendo por ella a un abismo sin fondo donde Mozart tocaba variaciones de su Réquiem con una Fender Stratocaster o una Ibanez Destroyer. Su bálano ardía en jugos que salían en apenas gotitas de rocío para alimentar las ansias infinitas de aquella lengua de fuego que arrasaba todos los rincones erectos que recorría. Sentía cada mínimo hueco de aquel apéndice como una ruptura transversal de su locura angelical; mientras las venas de su poderoso instrumento de tortura eran regadas de acero líquido y mercurio que no dejaban de fluir de sus deseos más íntimos y salvajes. Aquellos ojos marrones y brillantes que le miraban con mil mariposas atrapadas dentro de ellos... le pedían romper a gritos aquel inmenso vacío de carámbanos de hielo y sed, al tiempo que se arqueaba la espalda adversaria para que viera emerger aquel vergel sereno que tenía que poseer. Un Suribachi, donde poner su bandera blanca con un arcángel malo escribiendo su relato. ( Aun no era el momento de encender un Lucky Strike, y reír)
Sólo fue una rotación geomagnética y equinoccial de los hemisferios corporales sobre el edredón. La penetración fue seguida de un mágico y húmedo temblor de manos y pies, y de una sonrisa dibujándose en la piel... a la par que un lord inglés tomaba té, al borde mismo de aquel tálamo que se iba poco a poco deshaciendo en mitad de un sueño. La cachas de aquel culo realmente magnífico bajo una camiseta gris de The beatles... trepidaban como dos enormes flanes con una bola de helado encima a medio deshacer, con cada recia embestida de ese puñal de carne que entraba por derecho hasta que los testículos golpeaban cual el tope de un ariete. ( El humo del tabaco flotaba en el aire sin hacer figuras de ira con espuelas ni absolutamente nada) Sus puños cerrados se agarraban al cabecero de la cama con la fuerza de aquel gorgoteo extraño, casi un hervor de susurros, que parecía emerger de una garganta única. Agarrando fuerte sus tobillos que olían a esparto, sentía ese dócil roce de las epidermis en flor... el que delineaba efluvios con fragancias suaves a tierra seca y cortezas quemadas; en la hora de los latigazos de tendones severos que sesgaban tiras de músculo en roca hasta desbordarse el postrero manantial. Al final, tan sólo unos ojos de ámbar felino de sortija rota escrutaban el sudor maduro y agradecido de unos cuerpos deshabitados... Tras un cristal, humedecidos... se sorteaban prematuramente unos cojones pixelados, los estertores de una breve tormenta de media mañana. Sonaban The police.