Enemigos de una sed insaciable

Marta y Jorge se devoraban mutuamente en sus ardientes deseos y sexos, al compás de la voz suave y aterciopelada de Corinne Bailey Rae. Ella, vestida de Ada Wong… tenía la polla de él bien dentro de su cavidad bucal, disfrutando cada dulce centímetro de su anatomía masculina, y él… sorbía con fruición, casi deleitándose, los fluidos menstruales de su receptiva hembra. Ambos se movían como dos bestias salvajes que necesitaran sus jodidos anticongelantes respectivos para seguir viviendo; y entre gemidos y temblores de genitales congestionados se corrieron a la vez. Él, disfrazado de Puppet master y sombras… empero, sin automáticas, se incorporó bañada su cara pálida en agua de milagros y sangre de su loba, y ella… con el semen de su hombre, que cayéndola en tibias gotas por la comisura de los labios, la escocía de placer. Y entonces, en mitad del cielo… de aquella nube sin tormenta, aquel beso que se dieron mientras se miraban desafiantes dispuestos a todo… sabía a destrucción y vida, a muerte y recomposición de unas estrofas que yacían heridas y yermas. Sus rotos cuerpos se necesitaban sin remedio y sin tregua. Enemigos de una sed insaciable. La luna despedazada caía sobre ellos. Era cristal florecido de migajas tintineantes.
Después empezaron a follarse, él sobre ella… ( Oh, don’t you hesitate) balanceándose tierno, amable y lento. Introduciendo su carne hirsuta en su sagrado y sangrante hueco. Dominándola en teoría al tiempo que las uñas de la mujer laceraban su espalda. Blue as the sky, sombre and lonely, sipping tea in the bar by the road side. ( Just relax, just relax) El deleite de aquellas manos vibrantes era tal, que hacían crecer su bálano y sus venas que embestían cada vez con más furia mientras los mordiscos le sacaban de su estado dócil a uno animal y libre. Ella se dio la vuelta, y dejó a su macho jadeante sobre la cama. En su vuelo subsónico de gemidos y caricias - por los contornos de una embarrada epidermis estratosférica- en las proximidades de la larga noche sin satélites… los amantes encontraron refugio a sus dentelladas en la sensatez de sus clavículas desgarradas y abandonadas. Se montó sobre su roca de piel y esperma; y comenzó a cabalgarle. Le mordió los pezones haciéndole sangrar y entre golpes de sus caderas sintió como él retorcía los suyos. The more you stay the same, the more they seem to change. La sangre en su boca sabía a un néctar desconocido y delicioso en tanto sus manos apoyadas en el pecho de su amado servían de soporte a ese melodioso entrar y salir del músculo hecho piedra recia… que la llevaba al fluir del universo, y a un lugar extraño donde la techumbre del cuarto se desplomaba sobre ellos sin remedio. Llueve mielina. Donde corría la lefa sobre su vientre en riachuelo. Plateado cabello relinchando nieve negra.