Escrito en el barro

Moussa yacía inerte sobre el barro caliente de la carretera. En un charco estrangulado de agua sucia, semen y sangre. Abatida por dentro con su ano y su vagina completamente desgarrados. Violada sistemáticamente por doce hombres del derrocado presidente que iban buscando carne y vísceras con sus kalashnikov en mano, algunos de ellos… niños aun. Tan jóvenes como sus propios hijos. Con sus ojos inyectados en odio y los fluidos espesos golpeando las sienes. La encontraron camino de su aldea, la despojaron de lo poco que tenía, y la despedazaron sin piedad. Ni tan siquiera dejaron su piel vacía a los buitres, se lo llevaron todo. Alguno incluso, río mirándola retorcerse en el suelo mientras arrojaba al fango un pedazo que había recogido de su alma, en tanto guardaba su amado machete dentro de los pantalones tras haberla sodomizado. En la cuneta estaba su hija… de cinco escasos años, degollada. El camión se fue alejando de allí lentamente, con el viejo motor Mercedes petardeando. El sudor mojaba sus parpados mientras buscaba a su pequeña desesperada, gritando ahogada… una y otra vez, su nombre. Podía sentir correr por sus mejillas las lágrimas limpiando su cara cual aquel olor hediendo de las babas de aquellos hombres armados, mojaba cada rincón de su cuerpo que sentía deshabitarse despacio. Como en un sueño.
El cielo estaba completamente azul, con sus nubes en lo alto. Un grácil pájaro níveo, inmaculado, como un ángel cano, la sobrevoló cadencioso. El tiempo se hizo un arcano periplo sin medida, sólo espacios de penumbra. Una acacia al borde del camino comenzaba a darla algo de sombra. Los espumarajos y las secreciones de los soldados sobre su pecho se habían hecho costa, que pausadamente se iba agrietando. Entonces llegó aquel carruaje de blancos que bebían Coca Cola y sándwiches de pavo. A los que vio levantar en vilo el cuerpecito de su niña, descabezado; una chica de pelo rubio enjuagaba el dolor de su cara… sonriendo estúpidamente. Simplemente, no podía moverse. Una inerte desesperación la fue lentamente matando, entre suturas… corte de hemorragias, y su anatomía descabalada ir acicalando. La subieron luego a su vehículo todoterreno nuevo, y se la llevaron. África quedo en las gotas de suero y las huellas que quedaron escritas en el infame légamo de aquellos hombres buenos, y también de los otros… Esos, los solidarios. Moussa yacía inerte sobre los asientos de cuero húmedos de algunos culos civilizados. Europeos, vírgenes y estúpidos.