Tenía una pequeña tregua que aprovechó para escribir: Vivo... en un mundo de dolor, ( aunque sea Navidad) rabia, ira... sin piedad... donde los hombres matan y mueren por razones tan peregrinas como los recursos naturales, las venganzas ancestrales... y, el odio racial. Donde las pollas se utilizan como máquinas de guerra, y el cerebro cual dispositivo de cálculo y covarianza de matrices matemáticas y coeficientes de muerte y mutilación. Donde la poesía sale en casquillos a miles por las ventanas de expulsión de las PK. Seguramente alguien en algún lugar observará mi vida, y la juzgará desde algún jodido plasma petrificado, y dirá: Mira un animal, un puto animal sin alma... no como yo, un jodido ser sensible y bueno... un tecnohippie que ama al genero humano, todo apelotonado en conjunto con su halo azul de bondad y amor. Porque vemos la violencia y nos sobrecogemos, pero... ¿ quién está despierto cuando los lobos aúllan en mitad de la noche al acecho de nuestra carne cándida, honesta y blanca?.
Vivo... en una línea discontinua donde es posible adelantar, derrapar, voltear, calar, sodomizar, concatenar, ar, ar, ar... ar... Donde la visión de los ángeles es nocturna, y los demonios están en tus propias filas. Una guerra sin frentes. Con tantos enemigos como amigos, con tantos aliados como mentiras dejan su poso entre tus manos sucias. Y nunca hay bastante agua para lavar tanta sangre inocente. Donde una comida caliente y un café... es un maldito pedacito de gloria... Matías dejó de escribir en la pequeña libreta que guardó en su guerrera y cogió su fusil de asalto. Entraban en el pueblucho miserable de la última emboscada.
