Caídas tontas


Acaba de sintonizar un canal nuevo, uno con Jesucristo niño... por línea directa. Justo cuando el pedo me llevaba a un nuevo nivel. Eso sí, sin jefe final. A un nuevo reto. Mientras buceaba entre la niebla. Lo de encontrar una salida ya lo había dejado, aunque tenía la puerta justo detrás. ( El paladar ya estaba, más que caliente... ardiendo) Las botellas tras la barra, en sus estantes, eran mis obedientes soldaditos marcando el paso: Vodkas rusos, rones cubanos, ginebras británicas... Todos y todas, marciales y en formación rumbo al frente de batalla. Que estaba un poco más abajo y al sur, justamente en mi vaso siempre vacío.
Y de pronto me pregunté que estaba haciendo allí... Alarma, alarma... sonó una sirena irritante en mi encéfalo; quizás era la razón saliendo a respirar liberada por un comando de sobrias neuronas, ( cinco o seis) que no eran tan obedientes y sumisas como el resto a las que tenía al unísono de reunión en Alcohólicos unánimes. Fue algo breve y desagradable. Más o menos, hasta que el camarero fan de los Kiss me trajo otro maldito Bloody Mary y volví a adoptar mi pose de miembro no fálico de Aerosmith. Estaba tan borracho, que si abría del todo la boca estaba seguro, que me entraría una Whopper entera igualito, igualito... que a Steven Tyler.
Ni siquiera me enteré cuando aquella tía heavy con pinta de puta me dijo si tenía un jodido pitillo. Creí que era mi amigo Oscar, y la mandé a la mierda. En singular, presente... de no sé que, sin rencor... sin aspavientos. Pero la chica se mosqueó y llamó al mazas de su novio, que a falta de cerebro... había decidido trabajar los tríceps... que eran de triceratop. ¡ Y yo pensando entonces que se habían extinguido!. No sé como acabé en el suelo con la nariz rota. Todo por simplemente decirle al menda... que me disculpaba con su chica, y que si quería... estaba dispuesto a enseñarle gratis a leer y escribir. Los hay que no tienen sentido del humor.