Una espera más

 
Me acababa de tomar un puto yogur que lo tenía todo: Bífidus, muesli, fibra... sólo le faltaba dentro una jodida banda de rock and roll. Ese era el maldito problema. Me había vuelto un blando. Empecé por el desnatado para comenzar a cuidarme, y me había vuelto una nenaza. Lucky strike con boquilla, nada de donuts... y el puñetero whisky de al menos, doce años. ¡ Flojeaba!. Como siguiera esa línea ascendente acabaría con el agujero del culo más abierto un día... en menos de lo que dura la paja de un conejo... o, un gato en un barrio chino. Era sin duda, acojonante. Se principia el transformismo, por lo de bailar el I will survive... y uno desaparece de su casa una buena mañana de julio, por una ola de calor... y termina en bermudas hawaianas por una playa de Waikiki bebiendo margaritas heladas del brazo de un ex-marine. Que suena a algo... glamorosamente quebrado, equipado... y, hasta marica. Y eso que únicamente, me acababa de tomar un simple yogur. ¿ Estaba paranoico?. ¡ Bueno!, puede que estuviera un poco loco. Odiaba aquellas esperas.
¡ Vamos!, que andaba perdiendo el tiempo en esas " locas" cavilaciones talmente absurdas... cuando llamaron a la puerta. Era una rubiaca tremenda con un pecho de factor tres coma cinco por delante envuelta en un vestido de seda roja que preguntaba por un tal Máximo. Sentí decirla que no era yo, pero es que en aquel momento esperaba una visita femenina un poco menos " agradable". Tampoco, una " ex-marine" con bigotazos en las axilas... digamos, algo a medio camino. Y ese " algo" apareció a la hora en punto. Profesional, tremendamente profesional. Traje de chaqueta con falda gris, camisa blanca muy ligeramente desabotonada... y un moño de eficiencia funcionarial y gubernamental. Y lo más importante, traía por fin los " papeles". Me saludó con frialdad bien medida, cual la fiel subalterna que era. Discreta, a la par que elegante... mas, sin alardes. Carita de putón de la cola de la pescadería, y cuerpo para pecar... al menos, dos veces. Era hasta gracioso, con el marrón que me iba a caer encima... en plan payaso. Me mandaban al peor lugar del mundo. Y yo, tan sólo sonreía. Siempre he tenido un extraño y particular sentido del humor.